Le miras y él avergonzado aparta la vista, no sabe que decir y tu tampoco, ambos giráis la cara y disimuladamente os giráis con tanta suerte que cruzáis las miradas. Silencio. Él coge tu mano, seguidamente te abraza y tu le miras, su mirada ahora es diferente, la tuya también y mientras os acercáis un y otro pensáis en todo lo ocurrido durante este tiempo y tu estás insegura pero es mayor el amor que sientes por él y le besas. Vuelve el silencio, la vergüenza, el que digo ahora. Cinco minutos más tarde tu estás a punto de marchar por que crees que no lo has hecho bien, que estás equivocada y para evitarlo el coge tu mano, impidiendo que te levantes y te susurra al oído que te quiere. Los años han pasado pero no dos ni tres sino diez, y
aquel amor sigue como el primer día, intacto. Si algo te importa cuídalo, no dejes que se d
eteriore o será demasiado tarde.

Siempre, es la palabra.
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